Mi primer viaje solo

Siempre había escuchado que viajar solo es una experiencia única e inolvidable, pero los comentarios de mis amigos me habían hecho catalogar esta experiencia como rara e innecesaria. Sin embargo, recuerdo que, en el último encuentro de egresados del colegio, un gran amigo de la infancia relató lo fantástico que era aventurarse a solas y conocer nuevos lugares y culturas. Sus palabras retumbaron en mi cabeza hasta que en un día lleno de estrés laboral decidí aventurarme a hacer mi primer viaje solo.

[read more=”Read more” less=”Read less”]

Escogí un lugar cercano por si en algún momento me sentía incómodo poder devolverme en menor tiempo. Esta vez el destino fue Barú. Nunca había tenido la oportunidad de visitarlo. Pero, hace unos meses me enteré que las personas ya podían llegar en automóvil gracias a un nuevo puente. Sin pensarlo dos veces armé un maletín y reservé en un hotel ubicado en Playa blanca.

Foto: Camilo Marino

Salí desde Barranquilla a las 7:00a.m. y a las 10:00am ya estaba ubicado en el hotel. Para llegar a mi destino tuve que pagar dos peajes de aproximadamente 11.300 pesos y uno que si no estoy mal era de 5.000 pesos. Luego de eso tuve que dejar mi carro en la zona de parqueo más cercana al hotel que realmente fue bastante costoso. Las 28 horas que lo deje ahí me costaron 45.000 pesos. Quizás hubiese sido más económico tomar un bus de Brasilia y luego una lancha hasta playa blanca.

Me hospedé en el que al parecer era el mejor hotel de la zona, llamado Nena Beach. Lo identificas fácilmente en la playa porque su exterior es completamente blanco. El hospedaje me costó 77.000 pesos y lo compartí con tres desconocidos. Aunque nunca había hecho esto, si ya me había ido solo me quería arriesgar en todos los sentidos. Luego de dejar mis cosas en la recepción me acosté en una de las camas que ofrece el hotel a la orilla de la playa por 50.000 pesos durante todo el día. Esa fue la mejor decisión que pude haber tomado.

Entre cervezas, el sonido de las olas del mar y el paisaje, la experiencia se vuelve sumamente desestresante. Decidí soltar el celular por un par de horas para sumergirme en mis pensamientos y disfrutar la única compañía que tenía: Yo. Al llegar el atardecer, subí al restaurante del hotel y opté por pedir una entrada de patacones y unos camarones. Ambos platos me costaron en total alrededor de $40.000 pesos. Durante la cena empecé a hablar con dos australianos y un escoces; y entre chistes y traducciones, duramos toda la noche conversando y compartiendo perspectivas sobre el país. Fue una experiencia muy agradable que muy seguramente no hubiera tenido si viajaba con amigos.

A la mañana siguiente me levanté temprano, nadé un par de horas, almorcé y luego me dispuse a caminar hacia la zona de parqueo para devolverme a mi ciudad de origen. Durante el camino de regreso no dejaba de pensar que, aunque había sido una corta experiencia, había sido divertida y que incluso estar solo no es tan malo, de alguna forma uno disfruta más los detalles. Además, al estar solo había chance de ser más arriesgado por ejemplo con el hecho de tomar una habitación compartida. Viajar solo es una experiencia que vale la pena hacer, ya que no solo disfrutarás del destino, sino que te encontrarás contigo mismo, la mejor compañía que tienes.

[/read]

[gs-fb-comments]

Comments are closed.

X