PRIMERO FUÉ: EL CONGO

Existen evidencias periodísticas y documentales que a mediados del siglo XIX, el Carnaval ya se encontraba arraigado en Barranquilla, y en el último tercio de ese siglo, se empieza a consolidar  un conjunto de valores de convivencia ciudadana en los cuales se valora altamente el jolgorio colectivo previo a la Cuaresma católica. Aunque no hay un registro certero o preciso, muchos historiadores coinciden en que de los primeros, si no el primer personaje del Carnaval de Barranquilla fue el majestuoso Congo.

Las danzas de los Congos, fueron inspiradas en los festejos y celebraciones autorizados a los cabildos de negros de Cartagena en Getsemaní, cuando estos salían a la calle en las fiestas de la Virgen de la Candelaria; estas evidencian una indudable raigambre africana en su pantomima, aunque las significaciones precisas de las danzas originales se han diluido en el caudal múltiple del mestizaje. Se sabe que los cabildos constituyeron una forma organizativa de los negros, cuyos principales objetivos eran la ayuda mutua y el recreo colectivo, al tiempo que mantenían la cohesión social entre los miembros de una misma etnia. De este modo, los cabildos cumplieron la función de centros de conservación de las tradiciones africanas correspondientes a la etnia de origen. La transformación de los desfiles bailados de los cabildos en danzas de carnaval, ocurrió no solo en Colombia sino que operó igualmente en Cuba, Argentina, Uruguay, Brasil, Venezuela y Panamá. Igualmente, como se acostumbraba en los cabildos cuando salían en procesión, las danzas de Congo están provistas de banderas que las distinguen, y disponen de un palacio que es la sede de la danza.

Respecto al vestuario de los Congos, el disfraz corresponde al atuendo utilizado por portugueses de la época en sus colonias de África que, transformado y adaptado por tribus de ese continente, fue transplantado a América por los esclavos negros.

En las danzas de congos, como el Congo Grande y El Torito, los cantos se inspiran en la copla española. Sabemos que los españoles trajeron consigo romances, cantos navideños, tonadillas, villancicos, pregones y un incontable arsenal de coplas cuya estructura original aún subsiste, pero la interpretación que hacen los Congos tiene una marcada influencia africana. Se trata de un diálogo cantado establecido entre el solista y el coro, con acompañamiento de palmoteos y con instrumentos de percusión.

Ilustración: Juan Carlos Sánchez – www.juancarlossanchez.com

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